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EL RATONCITO PÉREZ

 

Por David Esteve Colomina

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    El ratoncito Pérez es un esquivo personaje muy presente en la imaginería popular. Todos los niños que empiezan a perder dientes esperan ansiosos la llegada de su querido ratoncito con un regalito muy especial que les deja mientras duermen, debajo de la almohada o en la mesita de noche. Así, un evento traumático en apariencia, se convierte por arte de magia, en una ocasión para el regalo, para la recompensa. ¡Cuánto bien hace esto a un niño! Pero antes de seguir con el alcance psicológico y espiritual de la mitología infantil, digamos algo acerca de este curioso cuento.

 

    El cuento del Ratoncito Pérez fue escrito a finales del siglo XIX por el jerezano padre Luis Coloma, un miembro de la Real Academia Española que era consejero de la reina regente Doña María Cristina. María Cristina era la madre de Alfonso XIII, y cuando su hijo, ya con ocho años, perdió un diente, pidió a Don Luis Coloma que le escribiese un cuento para mitigar las aflicciones de su hijo Alfonso, al que ella llamaba cariñosamente “El Rey Bubi”. El afamado escritor recogió datos de tradiciones populares, en particular, una historia proveniente de las primitivas sociedades agrarias, cuando las madres ofrecían los dientes de leche de sus hijos a los roedores de grano, para pedir que los niños crecieran fuertes y sanos. La verdad es que es curioso como las tradiciones populares de los diferentes pueblos y civilizaciones, incluso totalmente inconexas entre sí, constan de mitos e historias que guardan innumerables  puntos en común. Será porque todos los seres humanos, seamos zulúes o escandinavos, tenemos, al final, las mismas necesidades, los mismos miedos y las mismas alegrías, será por eso...

 

EL CUENTO

 

     Pero volviendo al tema de los dientes de leche, observamos que el ratoncito Pérez es internacional; en Francia le llaman “la petite souris”, en Italia, “Topolino”, y los anglosajones le visten de chica y le llaman “el hada de los dientes” (Tooth Fairy).

 

    Según la versión del señor Coloma, se trata de un ratón “muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo y una cartera roja colocada a la espalda” Nuestro famoso ratón, según el cuento original, vivía con su familia “dentro de una gran caja de galletas”, en el almacén de la antaño famosa confitería Prats, a escasos cien metros del palacio Real, donde dormía el niño rey Alfonso XIII. La madre del real infante le aconseja, al perder éste un diente, que le escriba una carta al ratón y la esconda bajo la almohada, a la espera que éste se la cambie por un obsequio. Sin embargo, el niño ve al ratoncito cuando llega, cosa que normalmente no debería ocurrir    ¡Imagínense lo que pasaría si descubriéramos a los Reyes Magos cuando entran por la chimenea! Sería gravísimo. No solo esto es inhabitual, sino que para más “inri", el niño Alfonso le dice al ratoncito que quiere acompañarle. Tamaña osadía no debería producirse. No obstante, al tratarse de un niño-rey de tiernas y puras intenciones, el ratón accede a sus pretensiones y, tocándole con su cola, transforma al rey Bubi en otro ratón igual de chiquitín. Juntos, y a través de las cañerías de Madrid, van a visitar a un niño pobre llamado Gilito, que también acaba de perder un diente. Esta experiencia hará que el rey se de cuenta de que no todos los niños son tan afortunados como él, lo que acallará sus quejas dentales y le dará una lección de humanidad.

 

Este canto a la fraternidad, de la mano del ratón Pérez ha tenido un  éxito tremendo, a pesar de no contar con la publicidad del ratón Mickey y demás personajes holiwoodienses. En Japón se han dado cuenta de su alcance, y llevan más de cincuenta años publicándolo. Y no se puede negar que en España ya lleva tiempo incorporado a nuestro inconsciente colectivo.

 

 

PENSAMIENTO MÁGICO INFANTIL

 

    Los niños pasan una fase de “pensamiento mágico” que suele durar hasta los 10 años. Hasta entonces, esta etapa de creencias es, según la mayoría de especialistas, beneficiosa, ya que modula los hechos reales y protege la mente inmadura y natural del niño. Los niños necesitan creer en un mundo bueno, amable, que de sentido a la vida y al mundo que les rodea. Cuando, ya a cierta edad, se descubre que los reyes magos son los padres, en el fondo se experimenta una decepción, hay algo mágico que se rompe, y eso, aunque es necesario, duele. Por eso todo debe llegar a su debido tiempo.

 

    Gracias en parte a los cuentos y los mitos, el niño ve que es posible estar tranquilo y seguro, lo que le hace crecer y desarrollarse con menos interferencias, menos stress. Así, las situaciones especiales, como la Navidad, los cumpleaños, las reuniones familiares, los Reyes Magos o Papá Noel forman un entramado de huellas emocionales positivas que fortalecen el carácter y proveen de raíces y seguridad al niño.

 

    Por eso, creo que no es malo seguir hablando sobre el ratoncito Pérez, ya que a los niños les encanta y nos ayuda a todos, padres, educadores y dentistas, a “pasar el trago” del recambio dental.

 

 

Dr. David Esteve Colomina

Médico y Odontólogo

 


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