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LA ANSIEDAD EN LA CONSULTA DENTAL

 

 

    Todo el mundo está al tanto de los temores y recelos generalizados que despierta, para muchos, acudir a un dentista. La consulta dental es vista por innumerables personas como un antro de dolor, donde el más fuerte y aguerrido personaje se convierte en una vulnerable criaturilla. Hasta en las películas se utiliza esta asociación perversa de dentista-dolor-temor, añadiendo a veces la connotación “horror” a la anterior tríada (véanse películas específicas que no viene al caso mencionar).

 

    Lo cierto es que la grandísima mayoría de las personas que tienen temor al dentista lo padecen de una manera irracional, alejada de la realidad, sin obedecer a ninguna experiencia concreta negativa o exacerbando e imaginando negativamente en sus mentes los detalles de cualquier contacto que hallan tenido con una consulta dental. De hecho, tanto es así, que el temor al dentista se ha convertido, a mi entender, en un mito, es decir, en la historia reiterada del dolor encarnada en la figura del arranca-muelas, algo así como un sentimiento previo a la experiencia que marca nuestras vidas y dirige nuestras acciones sin pasar por el tamiz consciente de la razón. En fin, en algo poco digno de una mente evolucionada que hay que combatir, como la mayoría de las supersticiones regresivas, la caza de brujas o el culto a Dionisos y los sacrificios humanos.

 

   No es para tanto, señores. La vida ha cambiado mucho, los adelantos de la medicina han llegado a nuestros pueblos y ciudades. Ha aparecido la civilización. Los ogros solo están en los cuentos. Existe la anestesia. El pinchazo casi no se nota. El dentista es la persona más interesada en hacer que sus tratamientos sean lo menos molestos posible. El sillón dental es confortable y algunos pacientes se duermen en él (no diré cuantos roncan). Esta es la realidad, y no otra.

 

   Algunos pacientes me dicen “Doctor, el miedo es libre”. Y yo les contesto que sí, pero que más libre es aquel que aprende de la experiencia. “Pruebe Usted una sesión, y dígame la verdad” ¿Le ha dolido realmente? ¿Cómo se siente? La mayoría de mis pacientes (Ustedes) me dicen que no han notado dolor ninguno, salvo alguna pequeña molestia al poner la anestesia. Otros se quejan de la sensación de tener la lengua o el labio dormidos durante unas horas. Otros me dicen que estar tanto rato en el sillón boca arriba también cansa y les apetece estirar las piernas. A alguno no le gusta nada el tubito del aspirador o el agua que utilizamos para refrigerar. En fin, que de ese dolor tan tremendo que iban a padecer, de esa tortura china desgarradora e inhumana, NADA DE NADA. La experiencia ha quedado en agua de borrajas. Infinitamente menos doloroso que un piercing, menos que la vacuna contra la gripe, menos todavía que esa tonta jaqueca que no cede a la aspirina. Entonces ¿Para que tanto miedo? ¿Por qué tanta anticipación a un dolor que nunca va a llegar? ¿Para que descargar litros de adrenalina para después decir que no era para tanto?

 

   Pues si, las personas somos así, y merecemos comprensión, por eso cuando alguien con temor o fobia patológica a la clínica dental hace el esfuerzo y ejecuta su mayor acto de valentía al traspasar el umbral de lo desconocido y se sienta en mi sillón, yo le aprecio, le admiro y pongo todo lo que sé a su servicio, con la mayor paciencia. Solo le pido confianza, para que juntos podamos curar su enfermedad. Esa es la mayor satisfacción para un profesional.

    Todo esto es cierto para un tratamiento odontológico convencional, cualquiera, desde un empaste hasta la colocación de unos implantes, se realizan con un nivel mínimo de molestias, quedando la sensación agradable de haber cuidado la propia salud, de haber hecho lo correcto.

 

     Además, hoy en día tenemos otras posibilidades para poder tratar a aquellos pacientes que no pueden vencer su temor irracional o aquellos que no pueden colaborar (como los niños muy pequeños, los disminuidos psíquicos, los nauseosos o los fóbicos). Desde hace 10 años, hemos incorporado a nuestras consultas la SEDACIÓN INTRAVENOSA. Esta técnica es realizada por un médico especialista en anestesiología y reanimación, que consigue mediante una sencilla combinación de ansiolíticos por vía endovenosa, producir una sedación semi-consciente en el paciente que le libera de todos aquellas trabas que le impedían acceder al cuidado correcto de su salud bucodental. Gracias a la sedación, muchos pacientes se realizan tratamientos dentales en una sola sesión, evitando los temores y las visitas reiteradas a la consulta. La sensación que me relatan la mayoría de los pacientes es de placidez, de tranquilidad y la mayoría la valoran como enormemente revolucionaria por la eficacia que tiene a la hora de tratar las enfermedades de la boca.

 

    Olvídese del temor al dentista, que no le cuenten películas ni se deje engañar por distorsionadas experiencias y opiniones ajenas. Acérquese sin miedo a una clínica dental de confianza, donde sabe que le van a tratar como a una persona necesitada de una atención odontológica de calidad y confíe en su médico.

 

Dr. David Esteve Colomina

Médico-Odontólogo

 


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